Solo están jugando

Contexto

Era el recreo en el patio de un colegio de barrio. El suelo tenía las huellas de muchísimas zapatillas y los adultos miraban desde lejos, pero parecía que su atención flotaba más que estar fijamente en los niños. Algunos bancos y rincones eran rutas secretas para quienes querían evitar el ruido. El aire traía risas y gritos —algunas de alegría, otras que dolían.

Situation

Durante toda la Primaria, te empujaban, pegaban e insultaban por tu cuerpo. Los motes crueles se repetían cada día. Los golpes y burlas te dejaban marcas en la piel y en el ánimo. Tu madre pidió ayuda al director, pero él restó importancia: “Son niños, solo juegan”. Nada cambiaba; el acoso seguía, las risas hacían daño, y los empujones volvían. Los adultos callaban y tú aprendiste a evitar el patio y a guardar silencio. Lo que llamaban “una etapa” se convirtió en una herida que costaba mucho sanar.

Diálogo clave

— «Nos insultan y pegan en el patio todos los días.»
— «No exageres, están jugando.»
— «Si nos duele y nos humilla, no es un juego.»

Reescribir la historia

Si fueras madre/padre, tutor/a o jefatura, ¿cómo rompes la minimización y proteges ya? Diseña:
1. Ahora (72 h): registro de incidentes y testigos, plan de seguridad en recreos (zonas y acompañamiento), aviso formal por escrito, seguimiento diario.
2. Reparación: reunión restaurativa opcional con mediación informada en trauma; acuerdos verificables y consecuencias ante reincidencia.
3. Estructural (30 días): protocolo antiacoso visible, supervisión real en “puntos ciegos”, formación de docentes en “no es juego”, educación corporal positiva y canal confidencial para el alumnado.
Roles en mesa: estudiante narrador/a, agresor líder, seguidor, testigo pasivo, madre, director que minimiza, tutor/a aliado/a.