Fin de trimestre. El pasillo huele a rotulador y fotocopias; en el tablón, muchas notas con estrella. Ella camina sin hacer ruido, parece frágil, pero por dentro es fuerte y constante. Su buen trabajo y sus logros hacen que otros se fijen… y a algunos les molesta.
Un grupo de chicas empieza a molestarla solo porque le va bien:
susurran cosas, ponen los ojos en blanco, la dejan fuera de trabajos en grupo y quedadas,
hacen bromas que rebajan sus logros: “pelota”, “empollona”, “no es para tanto”, “ya está aquí la perfecta”.
Ella no presume: estudia, ayuda, respira y sigue adelante. Pero el goteo diario de burlas y comparaciones va desgastando la alegría.
—«¿Otra vez dieces? Qué pesada.»
—«Trabajo mucho. No compito con nadie.»
—«Pues bájate del pedestal.»
—«No me subí. Solo hago mi parte.»
Si soy su compañero y hoy no me quedo mirando, hago esto:
Ahora (10 s): Me planto a su lado y digo claro: «Basta de comparaciones y burlas. Dadle espacio».
Puente: La invito a mi grupo de trabajo y propongo en clase que los equipos roten, así no la pueden dejar fuera.
En clase: Pido a la profe un minuto para acordar reglas sencillas: celebrar los logros de todos, prohibir apodos y menosprecios, y usar una “palabra de corte” para parar bromas feas.
En el chat: Escribo “borren los mensajes y no reenvíen bromas”; si siguen, lo reporto junto a otro testigo a la tutora.
Semana 1: Propongo una pared de retos donde todas y todos pueden subir avances o logros. Propongo también que haya parejas de apoyo, por si alguien se siente aislada. Si el acoso continúa, pedimos una mediación breve y acuerdos claros.
Así todos entienden que destacar no es motivo para ser excluido ni rebajado. Celebrar el esfuerzo de cada quien, cuidar y ser testigo activo cambia el ambiente y ayuda a que nadie se sienta sola, ni exhausta por culpa de la envidia o las bromas.
Roles en mesa: alumna que destaca, líder agresora, seguidoras, compañero/a testigo (narrador/a), tutora, orientación, grupo clase.