Es el recreo en Primaria. El suelo de goma quema bajo el sol y la fuente gotea fuera de ritmo. En la cristalera del baño, tu reflejo se ondula como en un espejo de feria. A lo lejos, suena el silbato; más cerca, se oyen dos risas afiladas.
Dos compañeros empezaron a señalarme por mi aspecto: primero con comentarios sobre mi cara, mi ropa, mi cuerpo. Al principio era en susurros; después, ya hacían bromas en voz alta cuando pasaba. Cada vez sentía más vergüenza y tristeza. Quería contarlo, pero el miedo me dejaba en silencio. Aprendí a dar rodeos para no verles y a mirar al suelo para que nadie viera mis ojos.
— «Mírate, qué pinta…»
— «Dejadme en paz.»
— «Si te molesta, dilo.»
— «Me da miedo que sea peor.»
Soy tu compañero y hoy no miro a otro lado.
1. Ahora (10 s): me pongo a tu lado y digo claro: «Aquí no se comenta el cuerpo. Paráis».
2. Salida segura (1–2 min): te acompaño a la zona de sombra/monitora y aviso: “necesitamos ayuda en el patio”.
3. Nombrar sin pelea: «Esto es burla repetida. No más».
4. Después (24 h): te ofrezco ser tu pareja de apoyo en recreos y te acompaño a contar lo ocurrido a la tutora.
5. Grupo-clase: pido una norma visible: “Mi cuerpo no es tema” y un canal discreto (caja/QR) para pedir ayuda.
6. Si insisten: recojo evidencia y lo elevamos con otro testigo a CPE/tutoría.
Roles en mesa: estudiante afectado/a, agresor 1, agresor 2, compañero/a testigo (narrador/a), tutora, monitora de patio.