Maria, no Maria-Gulia

Contexto

En el aula de infantil, todo huele a ceras y témperas, y en la pared hay perchas con los nombres bien grandes. En el recreo, los cantitos suenan por todas partes, pero el de María suena distinto desde hace dos semanas.

Situation

Me llamo María y me gusta mi nombre. Pero Jorge empezó a llamarme “María-Gulia” (como el colinabo) y el resto del grupo se sumó a las rimas y bromas. Llevo dos semanas aguantando que me lo digan en fila, en el patio, en voz baja y hasta en coro. La profe se dio cuenta y habló con las familias, pero la madre de Jorge dijo: “Es broma, no es el fin del mundo”. Para mí sí lo es un poco: vuelvo a casa triste y siento que mi nombre se ha hecho más pequeño.

Diálogo clave

— «¡María-Gulia, ven al huerto!»
— «Me llamo María.»
— «Bah, es solo humor.»
— «Si me duele, ya no es humor.»

Reescribir la historia

Soy tu compañera y hoy te acompaño.
1. Ahora (10 s): me pongo a tu lado y digo claro: «Se llama María. En clase usamos el nombre real».
2. Recreo (1–2 min): cambio de tema y te llevo a jugar con nuestro grupo; si siguen, aviso a la profe de patio.
3. En clase: pido a la profe un minuto para la regla del nombre: no apodos sin permiso. Palabra de corte: «Nombre real».
4. Después (24 h): ayudo a escribir lo ocurrido (quién/cuándo/dónde) y lo llevamos a tutoría.
5. Si Jorge repite: pido un mini-encuentro con él y la profe: que escuche, que nombre lo que hará distinto, y acuerdo visible para todos.
6. Esta semana: proponemos la actividad “La historia de mi nombre” para que cada quien comparta cómo quiere ser llamado/a.
Roles en mesa: María (protagonista), Jorge (iniciador del apodo), coro de compañeros, compañera aliada (narradora), profesora, familias.