Espejos en el vestuario

Contexto

Era una tarde de entrenamiento. El vestuario olía a champú y zapatillas recién usadas. Había espejos que te distorsionaban y, en la pared, una foto vieja de cuando yo había dejado el equipo por miedo.

Situation

Cuando era pequeño, en el equipo me llamaban “el gordito”. Al principio parecían bromas, pero después se convirtieron en risas, murmullos y burlas constantes. Empecé a odiar mi cuerpo y dejé de ir a entrenar solo para no sentirme el centro de todas las bromas. Pasaron los años y regresé con ganas de volver a jugar… pero también con miedo. Uno de los compañeros empezó de nuevo a reírse y a hacer comentarios. El entrenador/a no se daba cuenta y el resto del equipo miraba sin hacer nada. Siento otra vez esa presión, como si volviera a ser el objetivo, y no quiero tener que marcharme por culpa de las burlas.

Diálogo clave

— «Son solo bromas, no te lo tomes mal.»
— «No me dan ganas de jugar si me humilláis.»

Reescribir la historia

Como jugador/a, aliado/a o entrenador/a, ¿qué harías hoy para que la persona vuelva a entrenar sin miedo?
Propón:
1. Límites y lenguaje corporal seguro en el vestuario;
2. Señalamiento claro de la burla y apoyo visible;
3. Acuerdos de equipo sobre cuerpo y respeto (normas, consecuencias, señales de ayuda). ¿Qué cambio harías a medio plazo para blindar el club (tallas y vestuarios inclusivos, charlas de imagen corporal, rol de “capitán/a de clima”)?
Roles en mesa: jugador/a narrador/a, compañero burlón, amiga aliada, entrenador/a, padre/madre, testigo pasivo.